martes, 6 de enero de 2015

La llamada

Dos semanas antes de Navidad recibió la peor llamada telefónica que había recibido jamás.

Cortó el teléfono con un gemido agudo y lastimero, y sus manos se apoyaron temblorosas sobre el teclado del ordenador portátil que la empresa le había provisto.

Era tarde y la poca gente que quedaba en la oficina comenzó a rodearla lentamente al ver su expresión demente, preguntando qué había sucedido.

Cual caricatura grotesca copiosas y gruesas lagrimas saltaban sin ningún esfuerzo de sus ojos, corriendo su maquillaje de delineador negro hasta el cuello y mojando su camisa blanca; todo era monocromático y sucedía en cámara lenta. No había sonido alguno en kilómetros a la redonda.

Su madre había sido asesinada luego de que cuatro hombres le arrebataran sus pertenencias; una mujer humilde que trabajó toda su vida se convirtió, en un segundo, en otra de las tantas víctimas de una sociedad enferma producto de un gobierno corrupto que durante diez años logró construir una anarquía disfrazada de democracia.

Una sociedad en la cual la gente que sigue votándolos tiene más beneficios que la gente trabajadora; un país en donde los criminales y asesinos tienen más recursos que los trabajadores retirados.

Un país sin respeto, con un sistema judicial desmantelado.

Un país sin salvación, al menos en el corto plazo.

Ella ya sabía que las cosas eran así, ya que varias veces había logrado escapar del mismo destino que su madre, en la misma calle,  horario, y en exactamente las mismas circunstancias.

Ella que también había logrado escapar de ese país gobernado por monstruos corruptos y siniestros, se secó la cara y se apresuró a salir de la oficina.

Necesitaba comprar una cama para su hermano esa misma noche.