viernes, 19 de julio de 2013

Caballo

La noche es fresca, comienza a escucharse el canto de los grillos y a verse las luciérnagas cortando la negrura. Decidimos ir a buscar al caballo para preguntarle sobre las estrellas. El suelo tiene curvas sinuosas pero no son abruptas, parecen ayudar a mi estabilidad. Una exhalación pesada avala lo que ya venía presintiendo de antemano, y dos lunas gigantes emergen de la nada reflejadas en las pupilas del negro e inmenso animal. El caballo apoyó su tibio, suave y enorme hocico sobre mi mejilla, eliminando instantáneamente mis miedos; su respiración alborotó mi pelo y sus palabras resonaron dulces y graves dentro de mi mente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario