Tantas veces imagino como situaciones podrían haber
sido infinitamente más interesantes que la situación real... Cuando digo
interesantes me puedo estar refiriendo a una variedad de cosas, por ejemplo
cosas fantasiosas como que en una discusión incómoda de repente se me ocurre
una respuesta asertiva para que me dejen en paz, cosas graciosas como que se le derrite la cara
a mi interlocutor y como si fuera algo normal se excusa para ir al baño, o
cosas básicamente violentas como que cae un meteorito y evacuamos el edificio. Naturalmente
mientras estos pensamientos desfilan por mi mente, en realidad estoy mirando a
la persona en silencio, a veces con la boca entreabierta, hasta que respondo algo
que puede o no tener sentido.
Otras veces cuando en realidad nada sucede,
imagino que hago cosas inapropiadas como ir a la oficina del gerente y sacarle
la lengua, cosas graciosas como bailar parada en el escritorio, o también me imagino a mi misma cual superhéroe salvando el día. A mi mente divagando incontrolable hay que sumarle
el problemita del idioma. Por lo general si un colega inglés me pregunta algo
mientras estoy imaginando cosas, indefectiblemente me siento una pelotuda
preguntando: ¿qué?, ¿cómo?
Cantar todo el tiempo es sin embargo una de las
cosas más molestas. No puedo evitar exteriorizar melodías que se me pegaron, es
como parte de mi flujo sanguíneo. La semana pasada fue la cancioncita de la
banana de los minions. La gente te mira raro cuando haces esto, pero lo bueno es que acá ya están todos acostumbrados.
Después de mucho meditarlo llegue a la conclusión
de que me pasa esto porque la vida de oficina me parece poco interesante. No
voy a dejar de trabajar porque hay cuentas que pagar y dentro de todo me gusta
lo que hago, pero tampoco creo que sea justo erradicar estos detalles sólo por
ser inconvenientes.
Me gusta ser así.
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