A mí me
importa la opinión de ciertas personas. Ayer les pedí a mi hermano y a mi
marido su opinión acerca de mi post inicial y ambos me respondieron “no” a la
pregunta de si les parecía demasiado boludo, por ende voy a seguir escribiendo
cosas hasta que se vuelva boludo, me aburra o muera.
Este post
puede tratarse de sí mismo; tal como para una banda nueva el segundo álbum es
el más difícil de componer, el segundo post podría llegar a ser igual de
complejo, pero pensándolo mejor, tratar de escribir un post sin tema se siente
como meter una cucharita en una taza vacía y revolver aire. Mi mejor amigo me
preguntó sobre qué iba a escribir a continuación, y bueno ahí está el dilema. Como
si se tratara de un parcial podría sanatear montones de cosas sobre ningún tema
en particular y aun así llegar a una cantidad decente de texto, pero cuál sería
el interés de hacer esto si en definitiva la idea de un blog es aparentemente decir
algo sobre algo.
Podría hablar
de mi fantástica mañana. Me levanté con un dolor de cabeza zarpado porque algún
desubicado (me salió una rima) se le ocurrió continuar con la construcción de
enfrente de casa a las seis y media de la mañana. Eso fue acompañado por una sucesión
de sueños viciosos y molestos mientras trataba de seguir durmiendo. Luego
cuando llegué al ascensor de la oficina le frené la puerta a un tipo pero ni me
agradeció; le dije buenos días y ni me contestó. Cómo me revienta la gente así (cabe
destacar que el hombre no era ni sordo ni mudo). Este tipo de cosas sumado a un
paralizante dolor de cabeza me hacen pensar “hoy va a ser un mal día” y eso es
preocupante dado que a la tarde tengo clase de manejo y no quisiera matar a
nadie.
Confío en que
al tomar una aspirina todo vuelva a la normalidad.
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